hacienda de chillo jijón

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Las máquinas dejaron de funcionar y las puertas se cerraron para siempre. Ese día, los trabajadores de la fábrica textil Santa Rosa de Chillo Jijón no aguantaron las ganas de gritar, de maldecir, de treparse por los muros y entrar a la fuerza. Víctor Andrés Suntaxi se había jubilado un año antes, pero también estuvo ahí. Ahora que han pasado más de 40 años y él llegó a los 88, no se acuerda de la fecha exacta pero sí de la protesta porque con ella se marcó el fin de la época que había empezado con los tatarabuelos.

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